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Scary Stories

Los Niños Perdidos by StartSelect

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Los Ninos

Era una noche muy tranquila en una ciudad enorme al norte de mi país, algo muy extraño porque casi siempre todas las personas salen para divertirse y los carros hacen ruido con sus bocinas. Vivo en una casa muy antigua, con cuadros que cubren todas las paredes de aquella extraña y solitaria casa, con tonos de pinturas muy tristes, pero que al final decoran aquellos extensos pasillos, la sala y las ante salas de la casa, donde hace muy poco nos habíamos mudados. Mi padre es un hombre muy adinerado, puesto que tiene negocios en casi todos los países. Mi madre una mujer muy bondadosa, siempre está preocupada por las personas que no tienen muchos recursos para vivir. Todo el día y la mayoría del tiempo al igual que mi padre están viajando de un lugar a otro, pocas veces la veo y hablo con ella. 

Tengo 9 años me llamo Jessy, ya es hora de ir a la cama para mí. Siempre una de las empleadas de la casa me trae a la habitación un vaso con leche caliente y unas galletas, después de tomarlos me lee una historia y me quedo profundamente dormida, en las mañanas me levanto muy temprano para ir al colegio, el chofer me lleva y me trae de vuelta a la casa. En mis tiempos libres juego en el enorme jardín con mis muñecas, no tengo amigos todavía, no conozco a nadie en esta ciudad. Una noche estaba durmiendo, escuché un ruido dentro de mi habitación desperté muy soñolienta y encendí la luz que estaba en mi mesita de noche, mire a mi alrededor pero no vi nada, me volví a recostar en la cama para seguir durmiendo, cerré mis ojos y apague la luz, al cabo de unos segundos volví a escuchar otra vez el mismo ruido que me había despertado pero esta vez era un poco más fuerte y más cerca de mi cama, encendí la lámpara otra vez y frente a mi cama estaba un niño de la misma edad que yo. 

Salte de mi cama pegando un grito de espanto porque era algo absurdo que ese niño estuviera allí en mi habitación, el me hiso de señas con el dedo que me callara y con ojos muy ariscos vio a su alrededor, era como si no quería que alguien o algo se diera cuenta de que él estaba allí, era como si se ocultaba de alguna cosa. Corrí hasta el baño y me encerré, muy asustada, después de uno minutos no se escuchaba nada afuera. Abrí lentamente la puerta del baño para echar un vistazo y de repente estaba viendo el pasillo de la casa, no sabía que estaba pasando, como podía estar viendo el pasillo de la casa si yo estaba en el baño encerrada, tendría que estar viendo mi cama, mi habitación.

Todo era muy confuso, tenía mucho miedo no había nadie en la casa, nadie me escuchaba. Corría sin dirección abriendo cada puerta de aquella enorme casa buscando ayuda. Escuchaba voces de niños susurrando mi nombre, abrí la puerta que daba al jardín y me escondí detrás de un árbol, cuando voltee la mirada hacia el resto del lugar habían como 7 niños atrás de mí, tenían la cara pálida y los ojos perdidos como si tal fueran una especie de zombi, haciéndome de señas que me callara, mis ojos no podían creer lo que esa noche estaban mirando, sentí tanto miedo que yo quería gritar y salir corriendo pero no podía ni siquiera moverme. 

Cerré mis ojos y quería pensar que nada de aquello estaba pasando, los abrí y ya no estaba en el jardín de mi casa, era algo así como que me había transportado a otro lugar, a un sitio oscuro y húmedo era una especie de túnel, los niños no estaban allí y al final del enorme túnel vi que una pequeña luz se encendía y se apagaba de ratos, camine muy asustada hacia ella para ver qué era lo que pasaba con la luz que insistentemente me llama a seguirla. “Jessy, Jessy”, eran los niños susurrando mi nombre. Llegue hasta un cuarto que había al final y estaban todos los niños en el centro de un circulo que estaba hecho con tiza de color blanco y alrededor de ellos estaban unos pequeños hombrecitos, con los pies enormes y los dedos deformes, la cara y la cabeza velludas, con los dientes podridos y unos ojos enormes como dos bolas de fuego, tenían una marida que me paralizaron cada centímetro de mi cuerpo del terror que aquellas pequeñas criaturas me provocaban. Estaban listos para sacrificar a los niños que me habían llevado hasta ese lugar para que los salvara de esos monstruos, al ver que uno de ellos venia hacia mí, grite con todas las fuerzas de mi ser y como arte de magia desperté y estaba al lado mío mi madre diciéndome “calma hija mía solo fue un terrible sueño”. Pero aun escucho los niños susurrando mi nombre, algunas veces amanezco con marcas en mis brazos, pero mi madre insiste que cuando sueño me golpeo. Quiero creer que así es.

 

 

Weinstein
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